Día de Acción de Gracias en la Catedral

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El jueves 23 de noviembre nuestra parroquia se sumó a la tradición del Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day) compartiendo en fraternal unión una deliciosa cena de pavo y otros platos típicos de Norteamérica, preparados por amigos y colaboradores estadounidenses. Pero, ante todo, nos sentimos felices por la oportunidad de unirnos en un espíritu de sincero agradecimiento a Nuestro Dios Todopoderoso por la infinidad de bienes con los que nos agasaja cada día.

En la Catedral del Redentor celebramos este día desde hace algunos años sobre todo como una forma de compartir con los hermanos de la congragación que vienes de Estados Unidos, sin embrago, se ha ido convirtiendo en una fiesta cada vez más nuestra. Y es que, es innegable el valor de una conmemoración que se dedica no a pedir sino a agradecer.

ORIGEN: EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS Y LOS PEREGRINOS

Pero ¿De dónde surge la tradición del Día de Acción de Gracias?

Los servicios de Acción de Gracias son antiguos en la tradición cristiana. En el Libro de Oración Común Inglés (y en nuestra Liturgia española) constituyen un oficio especial para ciertos días en los que el pueblo sienta el deber de agradecer a Dios por sus bondades, y se configura como una variación de los oficios matutinos o vespertinos habituales.

Los colonos que poblaron el continente americano de todas partes no escatimaron agradecimientos a Dios por Su protección y las bendiciones concedidas en una tierra extraña. Así que hemos de tener conciencia de que los españoles y franceses que llegaron a América (incluidos los actuales territorios de Estados Unidos) fueron los primeros en dar gracias a Dios en el “Nuevo Mundo”.

Con todo, la fiesta moderna tiene su origen en los festejos de los primeros colonos ingleses. Tradicionalmente se data el primer Día de Acción de Gracias en 1621 cuando los peregrinos de la Plantación de Plymouth (en la actual Massachusetts) celebraron por la primera cosecha que tuvieron en esa tierra, a la que habían llegado el año anterior. Se ha de mencionar que esa festividad tuvo lugar el mes de septiembre, coincidiendo con los tiempos de cosecha en aquellas tierras.

La costumbre lejos de quedar como un mero recuerdo fue repetida dos años después, cuando las cosechas fueron especialmente buenas gracias a las abundantes lluvias de 1623.

Es también reseñable aquella imagen conocida en el mundo entero gracias a la televisión y el cine de los peregrinos y los indios compartiendo en ese primer Día de Acción de Gracias. No debemos olvidar que los jefes locales les entregaron a los colonos comida durante el invierno, sin la cual habrían muerto. Que gran recordatorio de que la Providencia de Nuestro Señor actúa a través de nuestros semejantes; y también de que en nuestro prójimo tenemos la oportunidad de actuar con la amabilidad y la misericordia que nuestro Dios nos profesa, compartiendo las penas, pero aún más las alegrías y bendiciones.

EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS Y LOS PRESIDENTES

Un último punto a destacar es la importancia que para el asentamiento de la fiesta tuvo el impulso dado por los Padres fundadores y los presidentes de Estados Unidos.

La tradición podría haber quedado como una costumbre campesina destinada a desaparecer.

Fueron los gobernantes de Estados Unidos, sin embrago, comenzando por George Washington quienes creyeron necesario fijar una fecha de común alabanza y hacimiento de gracias a Dios todopoderoso por los beneficios otorgados. Esta decisión fue tomada no en tiempos de paz, sino durante la Guerra de Independencia.

En consonancia con lo anterior, otro gran Presidente de fama mundial, Abraham Lincoln creyó también oportuno proclamar un día de para dar gracias y alabar Nuestro Padre que está en los Cielos.

La costumbre nacional no fue por tanto tomada en épocas de paz sino de guerra y conflicto. De incertidumbre y preocupación. Esto también es un ejemplo universal para todos los devotos cristianos. El agradecimiento a Dios no ha de brotar de los corazones satisfechos, colmados de bienes, sino de los corazones conscientes del Amor de Dios, aún en la tormenta más oscura hay lugar para la gratitud.

EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS Y NOSOTROS

Nosotros no somos estadounidenses. No hemos conocido el día de Acción de Gracias más que por Hollywood y por la interacción con amigos y hermanos “yanquis”, no descendemos de los peregrinos. Entonces ¿qué hacemos celebrando una fiesta como esta?

Lo podemos resumir en cinco puntos:

  • Cualquier oportunidad es buena para agradecer y alabar a Dios porque Él ha sido bueno
  • Cualquier oportunidad es buena para compartir con el prójimo de las grandezas de nuestro Dios como los peregrinos y los indios
  • Tengamos poco como en 1621, o mucho como en 1623. Siempre debemos ser agradecidos
  • En la prueba cuando estamos más abatidos, con mayor razón debemos dar gracias y alabanza, para valorar lo que Dios nos ha dado, por la esperanza de lo que nos dará.
  • Recordar que tener un día de Acción de gracias en el calendario no significa que debamos esperar un año hasta volver a agradecer a Dios. Cada día es una oportunidad de dar gracias.
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